Qué es la masonería

Existen muchas posibles respuestas para esta pregunta, dependiendo de quién la intente responder y con qué motivos.

Para algunos es una “sociedad secreta” de políticos y empresarios que se reúnen para hablar de negocios y para manipular al gobierno, con la única intención –por lo demás risible– de “tratar de conquistar el mundo”.

Para otros no es más que un inofensivo club de caballeros, muy dados a las actividades sociales, y que de vez en cuando organizan actividades de recaudación de fondos para financiar obras de beneficencia.

Para otros más, se trata de un club de izquierdistas ateos revolucionarios que intentan a toda costa destruir la religión y alejar al pueblo de los valores morales de la “gente decente”.

¡Nada más lejano a la verdad!

A lo largo de su historia, la masonería ha sido un punto de reunión de pensadores y filántropos, científicos, artistas, políticos, pero también gente religiosa, reformadores sociales, maestros, intelectuales y, por supuesto, mucha gente buena y decente, de moralidad estricta y un gran deseo de mejorar el mundo en que vivimos.

Y es que la masonería no es una religión, secta o sociedad secreta, sino una organización de gente comprometida con ayudar a sus semejantes de la mejor manera que pueda. Sus miembros provienen de todos los estratos sociales, siempre y cuando su reputación esté libre de mancha, sean personas libres y no posean ningún impedimento mental que interfiera con su libre determinación.

Lejos de intentar aprovecharse de los demás, los masones hacemos lo posible por mejorar la sociedad, el país y el mundo, desde cualquier ámbito a nuestro alcance: desde simplemente dar un buen ejemplo de honestidad, rectitud y trabajo arduo, hasta participar activamente en organizaciones de bien social, en la formulación de leyes más justas, en ayudar al prójimo, en la creación artística y literaria, en la denuncia de injusticias… en fin, en el progreso de la humanidad como un todo.

El método masónico incluye el estudio de la sabiduría antigua y moderna, la observancia de ciertas ceremonias y protocolos, y una filosofía de vida que nos guía en todos nuestros actos. Todo esto tiene el propósito de “tomar gente buena y hacerla mejor”, como dicen algunos miembros.

En la masonería mixta de la Orden de Oriente, además, es indispensable para ser admitido que la persona crea en algún Ser superior de índole espiritual (es decir, no se puede ser ateo). Además, se requiere de una firme actitud de respeto y tolerancia hacia las ideas y creencias ajenas, tanto religiosas como políticas y de otra índole. Así, en nuestras asambleas es posible encontrar a hombres y mujeres de variadas denominaciones religiosas, tanto occidentales como orientales, de diversas opiniones políticas y filosóficas; pero eso sí, todos unidos bajo un mismo deseo de ser útiles a la humanidad y al mundo.